En su paso por Plataforma Soberanía, Santiago Liaudat analizó la inteligencia artificial como parte de una revolución digital más amplia, atravesada por disputas económicas, políticas y geopolíticas. Su tesis central es que “no hay tecnología neutral”: las tecnologías responden a determinados modelos sociales y, bajo el neoliberalismo tecnofinanciero, están orientadas principalmente a la valorización del capital. Liaudat advierte que la IA profundiza la delegación de capacidades cognitivas en plataformas que no controlamos y cuestiona la ausencia de una estrategia tecnológica argentina. El país importa tanto infraestructura como software, quedando al margen de las principales decisiones. Frente a este escenario, propone recuperar una perspectiva estratégica de soberanía y planificación, preguntándose qué tecnologías necesita Argentina y para qué proyecto de sociedad. Su propuesta se sintetiza en cuatro verbos: convocar, formar, producir e incidir. El desafío, sostiene, es disputar el futuro desde abajo y construir capacidades propias para que la revolución digital contribuya al desarrollo y la soberanía nacional.

Entrevista completa en el canal de Plataforma Soberanía: [Revolución digital, inteligencia artificial y proyecto nacional]
Santiago Liaudat pasó por Plataforma Soberanía para discutir la IA como fase de una revolución digital más amplia. Su tesis: no hay tecnología neutral, la Argentina no está en la discusión y todavía hay margen para intervenir. Cuatro verbos para empezar: convocar, formar, producir, incidir.
Hay una idea que organiza toda la conversación con Santiago Liaudat: la inteligencia artificial no cayó del cielo ni avanza sola. “No hay tecnología neutral”, plantea. “La tecnología está pensada, diseñada, financiada, potenciada en función de un modelo social.” Y el modelo dominante tiene nombre: “el neoliberal tecnofinanciero, que básicamente pone al ser humano como un medio en pos de la valorización del capital”.
Liaudat es decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica de La Plata y trabaja en el cruce entre filosofía de la liberación, pensamiento nacional y estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad. Llegó a la entrevista a partir de su capítulo “Revolución digital, inteligencia artificial y proyecto nacional”, incluido en la obra colectiva Ser nación en tiempos de inteligencia artificial, surgida de una convocatoria de la Comisión Nacional de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina y presentada días atrás en la Semana Social de Córdoba.
Plataforma y billetera al mismo tiempo
El primer nudo que señala es el entrelazamiento entre plataforma tecnológica y negocio financiero: “Siempre están en los dos ámbitos jugando al mismo tiempo”. El ejemplo local es Mercado Libre, plataforma de comercialización y billetera virtual a la vez, hoy “uno de los protagonistas del endeudamiento masivo de las familias argentinas”.
Ese régimen no está orientado al bien común sino “al lucro concentrado”. Y si para sostener la hiperacumulación de “los Musk, los Zuckerberg, los Thiel” hace falta volver adicta a la población, “no hay ningún prurito”. La mercancía en disputa es el tiempo de atención: “Hoy lo que estas plataformas cotizan es cuánto tiempo te tienen atrapado.”
En esa serie, la IA es “el último eslabón de un proceso”, no una irrupción inesperada. Funciona como asistente cognitivo, y ahí está el problema: “Estamos delegando capacidades cognitivas en plataformas que no controlamos”, y perdiéndolas “en la medida en que interactuamos acríticamente con estas tecnologías”.
Naciones que se respetan a sí mismas
Consultado sobre qué puede hacer un país, Liaudat marca un contraste incómodo. Estados ultraliberales como Gran Bretaña o Australia ya tomaron medidas para proteger al eslabón más débil, niños y adolescentes: “Son naciones que tienen respeto por sí mismas, que cuidan a su población”. En la periferia, en cambio, “no conozco ninguno que haya tomado una medida de este aspecto”, y el deterioro será mayor donde ya hay menos defensas: cita los últimos resultados educativos, con la Argentina “en el puesto 72” y “octavos en América Latina”.
Sobre el plano local es directo: “En Argentina parece que seguimos en una especie de laissez-faire tecnológico.” Señala la cercanía entre los capitales tecnofinancieros y el gobierno de Milei, y relata haber acompañado en la Comisión de Ciencia y Tecnología de Diputados la presentación del proyecto de regulación de IA de Daniel Gollan: “Pude ver con mis propios ojos cómo diputados libertarios sencillamente ignoraban la discusión”, mientras se convocaba a empresarios a defender que regular afecta la innovación.
La capa física y la capa lógica
El otro eje es geopolítico y material. “Nosotros no controlamos nada de esta tecnología”: ni la capa física —hardware, redes, tendidos— ni la capa lógica —software, algoritmos—. Somos “netos importadores”, y lo que se importa no viene vacío: “estas tecnologías van acompañadas de valores, de concepciones, instrumentan modelos de sociedad”. El riesgo es comprar “paquetes tecnológicos llave en mano”, algo que a su juicio no hacen solamente los gobiernos libertarios. Frente a eso reclama entrar al debate “con un sentido estratégico de soberanía, de planificación”, justo lo que la Argentina viene perdiendo mientras atraviesa lo que llama la doble transición: tecnológica y geopolítica. “Si Argentina no existe en esta discusión, somos el cero.”
De la defensa al proyecto
La entrevista deriva hacia una pregunta de fondo: por qué son hoy las religiones —y no la política— las que sostienen una crítica al desarrollo tecnológico. Liaudat lo atribuye a que la Iglesia es “heredera de una larga tradición de humanismo” que quedó sin interlocutor cuando el capitalismo dejó de necesitar legitimarse en clave humanista. De ahí la línea que va de Laudato si’ a Fratelli tutti y llega a Magnifica Humanitas.
Pero la crisis mayor está en el plano político. Evoca a Mark Fisher —”es más fácil pensar el fin de la humanidad que el fin del capitalismo”— para describir una inversión histórica: “Hasta hace 50 o 60 años, los que éramos críticos del capitalismo encarnábamos la idea del futuro. Hoy tendemos a encarnar una idea de pasado y ellos son el futuro.” Contra la tentación ludita propone recuperar a Oscar Varsavsky y su pregunta por el estilo tecnológico: qué tipo de tecnología para qué modelo de sociedad. Las mismas herramientas, ejemplifica, pueden servir a la solidaridad y no al aislamiento.
Convocar, formar, producir, incidir
Su programa cabe en cuatro verbos. Convocar, porque hasta ahora “solo la Iglesia ha convocado a distintos ámbitos a discutir esto”. Formar, que él mismo reconoce como el paso más difícil: “No hay que dar por sentado nada. Lo dominante es la mirada hegemónica, incluso en el propio campo popular”. Y producir e incidir, para que la discusión deje de ser un eslogan.
Sabe la desproporción: “Estamos enfrentando a un Goliat y somos David.” Ya no se trata del empresario local de hace un siglo sino de “magnates globales que tienen una riqueza superior dos o tres veces al PBI argentino”. Si desde arriba no viene el mensaje, “tenemos que construirlo desde abajo”.
Cierra con una anécdota. Hace quince años dicta Análisis del Mundo Contemporáneo en un terciario bonaerense, donde sus alumnas eligen por votación los problemas a trabajar. La última vez eligieron la cuestión nacional: “Nunca en quince años me había pasado”. De ahí su llamado a los que tienen más recorrido: dar herramientas para que esa búsqueda no termine capturada por un nacionalismo de derechas.
Last modified: 11 de septiembre de 2026





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