El texto presenta la relevancia del pensamiento de Enrique Dussel y la Filosofía de la Liberación como una respuesta latinoamericana a la dependencia cultural y económica impuesta por las potencias imperiales. Dussel denuncia cómo América Latina fue construida como “lo Otro” de Europa y cómo sus élites reprodujeron ese desprecio por lo propio. Frente a ello, propone una afirmación de la identidad popular y nacional, pero evitando caer en un cierre identitario. Su pensamiento busca los fundamentos éticos de una auténtica emancipación humana, orientada a la vida, la justicia y la dignidad. Concluye celebrando la difusión de sus ideas entre los trabajadores, en coherencia con el espíritu liberador de su obra.
Liaudat, S. (2024). Prólogo. En: IEF CTA (2024). Idearios desde el Sur, 6, Vida y obra de Enrique Dussel, pp. 3-4.

Cuando uno se encuentra por primera vez con la obra de Enrique Dussel queda conmocionado. Es imposible permanecer indiferentes en tanto latinoamericanos que somos. La Filosofía de la Liberación, que encuentra en este autor a su máximo exponente, es un punto de paso obligado para quienes deseen atacar las causas morales e intelectuales del subdesarrollo, entendido este como un fenómeno asociado al desarrollo de las potencias imperiales. Este pensador y esta corriente de ideas se dirigen a la médula de la condición periférica, fuente de dolor y esperanza al mismo tiempo. En especial, se enfocan en Nuestra América, esta hermosa región del mundo que nos toca habitar y que se desenvuelve en el marco de un dilema fundamental: ser como los otros o ser nosotros mismos.
Dussel nos enseñó que fuimos lo Otro de la Europa moderna en su expansión colonial. El viejo continente se afirmó a sí mismo negándonos. Y esa impugnación la heredamos y la reproducimos como autodenigración, menosprecio y desconocimiento de lo autóctono. Así pues, civilizar fue abrir el país a todo lo de afuera, extirpar el elemento nativo, borrar la historia local, importar las verdades foráneas. Proyecto de ser como ellos, como los europeos, adoptado por las élites a espaldas de sus territorios y sus pueblos. Condena fatal para la América profunda: las capas dirigentes —políticas, intelectuales, artísticas, empresarias— profesaron adoración por lo externo y repudio a lo interno. Ideas, valores, inversiones… la salvación debía venir del Norte. Barbarie, retraso, atavismos… la perdición es todo lo que nacía espontáneamente del barro originario.
Esta posición eminentemente violenta, sacrificial, produjo como contestación la afirmación de sí de lo popular, de lo americano, de lo nacional. Ser nosotros mismos se declaró como principio. Y se exploraron las vías para alcanzar esa meta. Valorizar tradiciones, redescubrir un pasado, resignificar acontecimientos y reencontrarse con la sangre morena, mestiza, que nos constituye. Proyecto que tendió a anclarse fuertemente en la discusión de la identidad: ¿quiénes somos? Y desde esta cuestión, sin dudas, importante, se hilvanaron otras: ¿con quién debemos vincularnos en el mundo? ¿Qué modelo económico seguir? ¿A dónde radica la medida del éxito de una política? ¿Ayudar a los de arriba y de afuera a la espera de que “derramen” su riqueza en los de abajo o empezar por los últimos, los pobres, los hijos de la tierra?
El pensamiento de Dussel ingresó en esta polémica secular de América Latina y defendió con gran riqueza analítica la segunda postura. No obstante, se cuidó de caer en la trampa que contiene aquella pregunta esencial: ¿ser como los otros o ser nosotros mismos? Ya que esa última posibilidad encierra un peligro en cierto modo inevitable: la afirmación de sí puede volverse una clausura, un cierre, un identitarismo mezquino. La Filosofía de la Liberación evade ese riesgo al abrirse a las preguntas humanas fundamentales. Por eso también es imposible permanecer indiferentes a la obra de Dussel en tanto seres humanos que somos. He allí su universalidad. Porque más allá de la crítica, imprescindible pero insuficiente, a la dependencia neocolonial, esta corriente de ideas aborda las preguntas esenciales para una genuina emancipación: ¿sobre qué principios éticos debería erguirse una política y un Estado alternativos? ¿Cómo desplegar un nuevo orden social sobre bases más justas? ¿Qué valores e ideas guiarán nuestros pasos en lo desconocido, en lo que está más allá del statu quo vigente?
En particular, fue Dussel quien profundizó en esas y otras interrogantes cruciales. Pero no en el plano programático concreto, el de tal o cual medida económica o política, sino en el nivel más profundo de los fundamentos. Con su erudición característica, exploró la historia de las religiones, de los sistemas jurídicos y de las eticidades (como las denomina) en busca de esos basamentos olvidados que la humanidad construyó laboriosamente a lo largo de los milenios. Y que precisamos revisar urgentemente para ingresar a una era que privilegie la vida sobre la muerte, el amor sobre el odio, la paz sobre la guerra, el trabajo sobre la ganancia y la naturaleza sobre el capital.
Por todo lo dicho, invito a quien lea estas líneas a dejarse conmover en su esencia humana y en su condición de latinoamericano por la vibrante potencia de este pensador. Y celebro que la Central de los Trabajadores de la Argentina edite un material de difusión sobre sus ideas. Publicación que comulga perfectamente con el espíritu de la Filosofía de la Liberación al tender un puente necesario entre este valioso autor y el mundo de los trabajadores.
Last modified: 5 de noviembre de 2025





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